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Lo que dijo toda la familia – Cuentos

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Autor: Hans Christian Andersen

¿Qué es lo dijo toda la familia? Escucha primero lo que dijo Marujita.
Era el cumpleaños de Marujita, el día más hermoso de todos, según
ella. Vinieron a jugar todos sus amiguitos y amiguitas. Llevaba su
mejor vestido, regalo de abuelita, que descansaba ya en Dios. Abuelita
lo había cortado y cosido con sus propias manos, antes de irse al cielo.

La mesa de la habitación de María brillaba de regalos; había entre ellos
una lindísima cocina de juguete, con todo lo que debe tener una de
verdad, y una muñeca que cerraba los ojos y decía «¡ay!» cuando le
apretaban la barriga; y había también un libro, de estampas, con
magníficas historias para los que sabían leer. Pero más hermoso aún
que todas las historias era poder celebrar muchos cumpleaños.

– ¡Qué bonito es vivir! – dijo Marujita. Y el padrino añadió que la vida
era el más bello cuento de hadas.

En la habitación contigua estaban sus dos hermanos, muchachos ya
mayores, el uno de 9 años, el otro de 11. Pensaban también que la
vida es muy hermosa, pero la vida a su manera, es decir, no ser ya
niños como María, sino alumnos despabilados, llevar «sobresaliente»
en la libreta de notas, poder jugar y divertirse con sus compañeros,
patinar en invierno, correr en bicicleta en verano, leer historias sobre
castillos medievales, puentes levadizos y mazmorras, escuchar relatos
acerca de los descubrimientos en el interior de África. Uno de los
muchachos sentía, sin embargo, una preocupación: que todo estaría
ya descubierto cuando él fuese mayor; quería ir en busca de
aventuras, como en los cuentos. La vida es el más hermoso, cuento de
hadas, había dicho el padrino, y uno interviene en él personalmente.
Los niños habitaban en la planta baja, donde jugaban y saltaban. En el
piso de arriba vivía otra rama de la familia, también con hijos, pero ya
mayores. Uno de ellos tenía 17 años; el otro, 20, y el tercero era muy
viejo, según decía Marujita, pues había cumplido los 28 y estaba
prometido. Todos estaban muy bien colocados, tenían buenos padres,
buenos vestidos, buenas cualidades y sabían lo que querían:

– ¡Adelante! ¡Abajo las viejas vallas! ¡Cara al amplio mundo! Es lo más
hermoso que conocemos. El padrino tiene razón: la vida es el más
bello cuento de hadas.
El padre y la madre, los dos de edad ya avanzada – mayores que sus
hijos, naturalmente -, decían, con una sonrisa en los labios, en los ojos
y en el corazón:
– ¡Qué jóvenes son los jóvenes! En el mundo no todo marcha como
ellos creen, pero marcha. La vida es un cuento extraño y magnífico.
Arriba, un poco más cerquita del cielo, como suele decirse de la gente
que vive en la buhardilla, habitaba el padrino. Era viejo, pero tenía el
corazón joven, estaba siempre de buen humor y sabía contar muchas
historias y muy largas. Había corrido mucho mundo, y guardaba en su
casa interesantes objetos de todos los países. Tenía cuadros que
llegaban desde el suelo hasta el techo, y muchos cristales eran de
vidrio rojo y amarillo. Mirando a su través, todo el mundo aparecía
como bañado por el sol, aun cuando en la calle el tiempo fuese gris.
En una gran vitrina crecían plantas verdes, y nadaban peces dorados;
os miraban como si supiesen muchas cosas pero no quisieran decirlas.
Siempre olía allí a flores, incluso en invierno, y en la chimenea ardía un
gran fuego. Se estaba la mar de bien allí, mirando y escuchando el
chisporroteo.
– Me lee en alta voz los viejos recuerdos – decía el padrino, y también
a Marujita le daba la impresión de ver muchos cuadros en el fuego.
Pero en el gran armario-librería se guardaban los libros principales; en
uno de ellos leía el padrino con frecuencia; lo llamaba el libro de los
libros: era la Biblia. Contenía, en imágenes, la historia de todo el
mundo y de toda la Humanidad, la Creación, el Diluvio, los Reyes y el
Rey de reyes.

– Todo lo que ha sucedido y ha de suceder está en este libro – decía el
padrino -. ¡Hay tanto y santísimo aquí, en un solo libro! Piénsalo un
poco. Todo lo que un hombre puede pedir, está aquí resumido en una
oración de pocas palabras: el Padrenuestro. Es una gota de la gracia.
Una perla del consuelo de Dios. Un regalo en la cuna del niño, un
regalo puesto en su corazón. Hijo, guárdalo bien, no lo pierdas, por
muchos años que llegues a tener, y no te sentirás abandonado en
estos caminos inciertos. Habrá una luz dentro de ti, y no te podrás
perder.

Y al decir estas palabras, los ojos del padrino brillaban, brillaban de
alegría. Un día, siendo joven, habían llorado, pero aquello le hizo bien,
añadió; eran los tiempos de prueba, las cosas tenían un aspecto gris.
Ahora brilla el sol dentro de mí y a mi alrededor. A medida que se
vuelve uno viejo, ve mejor la felicidad y la desgracia, ve que Dios no
nos abandona nunca, que la vida es el más hermoso de los cuentos de
hadas. Sólo Él puede dárnosla, y dura por toda la eternidad.

– ¡Qué bonito es vivir! – dijo Marujita.

Lo mismo dicen los chicos, grandes y pequeños, padre y madre y toda
la familia, pero sobre todo el padrino, que tenía experiencia y era el
más viejo de todos. Sabía toda clase de leyendas e historias, y decía,
saliéndose del corazón:

– La vida es el más bello cuento de hadas!

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